Tiempos de esclavitud indígena, como la que sufrió Sutiava, una antigua comunidad indígena (hoy convertida en un barrio más de León) que continúa reclamando los derechos de su cultura nativa, sus tradiciones, su lengua, su identidad. Sutiava era una gran porción de territorio que albergaba a uno de los caciques importantes del país, el cacique Adiact, y que tras el terremoto y erupción del Momotombo en 1610, que destruyó la ciudad de León Viejo, prestó el Este de su territorio para asilar a la población colonial que había perdido todas sus estructuras. El agradecimiento de los colonos de León fue tan elegante como siempre ha demostrado el imperial estado español: invadió sus tierras, ahorcó al cacique, esclavizó a la población, explotó las tierras hasta secarlas e invadió la costa para construir puertos y lujosos ranchos a orillas del Pacífico. Pese a ello, en esta comunidad se puede visitar un museo sobre la cultura y la tradición indígena, decenas de murales alusivos a su continua lucha y una iglesia en la que su interior dibujan símbolos indígenas como el Sol entre dioses de túnica y aureola.
Volviendo al parque central, visitamos el museo revolucionario. Hay que recordar que León fue la primera gran ciudad liberada de la guerra civil revolucionaria de 1979 contra la tiranía somocista-yankee. En este museo contamos con la compañía de Marcelo, un exguerrillero que con tan solo 16 años se enroló a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional y que con 17 comandaba una de las columnas de la ciudad frente a la reaccionaria Guardia Nacional. Nos cuenta con orgullo como Augusto Cesar Sandino y su ejército de hombres libres (de tan solo 30 hombres en sus inicios) acabó con más de 25.000 soldados estadounidenses, como un leonés (el héroe Rigoberto López) disfrazado de mesero acabó con la vida de uno de los Somoza, como los estudiantes y los trabajadores acudían juntos a las huelgas generales masivas por las calles de la ciudad, como los misiles caían sobre los tejados de caña y barro matando a mujeres y niños, como la Guardia Nacional acababa sistemáticamente con los jóvenes de entre 15 y 30 años, como cuando recuperaron el cuartel que hoy hace de museo encontraron en una sala de un metro cuadrado a 20 cadáveres asfixiados de militantes sandinistas… y como tras dos guerras, las tropas del frente de León marcharon el 18 de Julio hacia Managua para liberar la capital y el resto del país, a grito de ¡Patria libre o morir! (cumplieron aquello que decían: Somoza y los yankees nos la van a pagar).
| Prisión de 1m x 1m |
Por último emprendemos la marcha hacia el Cerro Negro, un volcán de cenizas volcánicas que ostenta el segundo puesto en el ranquin de volcanes más jóvenes del continente americano. Un auténtico desierto negro de coladas de lava volcánica y cenizas y rocas desprendidas por la violencia de las erupciones volcánicas de la zona. Desde la cumbre se pueden observar hermosas panorámicas del pacífico y la cordillera volcánica de los Maribios.
Con una sensación totalmente nueva encaramos la segunda fase
del proyecto, las pilas recargadas al máximo, y aunque dicen que las segundas
partes nunca son buenas, nosotros, tras saltar mil barreras y muros que nos han
construido en el camino, seguiremos creyendo en nosotros y en nuestro trabajo,
seguiremos luchando cada día frente a la marginación, seguiremos mirando (y
escupiendo) a los ojos a la burocracia y a la mercantilización de la empatía,
seguiremos sacando sonrisas de un papel en blanco, seguiremos escribiendo raps
combativos y poemas pesimistas, seguiremos brindando tras cada triunfo… sin
esperar nada a cambio, seguiremos dignificando al pobre.
“La
victoria tiene un precio elevado y triste: la alegría total. Por eso es
patrimonio de las generaciones futuras” Carlos Fonseca Amador.Diriamba 22/08/14