lunes, 8 de septiembre de 2014

Underground (Hip Graff)


Desde lo más profundo de la tierra, el roce de un material con otro, el contacto entre minerales, el choque de rocas kilométricas, el movimiento del magma, la infiltración del agua… hace que estos materiales se entremezclen y formen conglomerados que dan lugar a otro material diferente, con propiedades distintas, pero que es vital para el hermético sistema que forma el planeta. Este nuevo compuesto va ascendiendo velozmente, tardando apenas miles de años, hasta la superficie terrestre, a escasos metros, o incluso centímetros, del suelo que pisamos. Esta ascensión la realiza gracias a la energía creada con el roce y el contacto, la presión que desde el interior de la Tierra expulsa todo material hacia la superficie. Una vez llega a la superficie, este material entra en el ciclo que más conoce y ha estudiado la ciencia ambiental en este proceso (lo cual no significa que sea el ciclo más importante del proceso), pasa por las raíces de la planta, cualquier vegetal que requiera ese elemento y tenga las condiciones óptimas para adquirirlo y extraerlo de los poderosos enlaces que los combinados de arcilla y arena lo atrapan a la lámina tectónica del planeta, lo podrán adquirir. Recorre las minúsculas vías interiores de la planta, el tallo (para producir el continuo crecimiento), los frutos (para obtener vitaminas, sabor, olor…), de vuelta a las raíces (para producir nuevas asociaciones simbióticas…) o a las hojas, donde puede ayudar en la realización de la vital fotosíntesis o bien puede pasar a la atmósfera gracias a los enormes poros que recubren el haz foliar. De la atmósfera puede regresar al fondo terrestre, mediante precipitaciones, infiltraciones… y reiniciar el ciclo, o permanecer para los tiempos de los tiempos en la atmósfera, transformándose en diferente manifestaciones físicas, pero siendo siempre lo mismo.
Así ocurre con los jóvenes de un barrio obrero que emprenden sus inicios en la cultura del Hip Hop. Desde lo más bajo, sin tener grandes conocimientos, pero con una mochila repleta de experiencias vitales. Roces y más roces con la vida, con la sociedad, desigualdades y marginaciones de todo tipo, que hacen que vayan creando la presión suficiente para que un día, en un instante determinado, decidan expresarse y salir al mundo en forma de graffiti, rap, break... Empiezan trazando unas líneas en un folio reciclado con un lapicero prestado (undergound). Quieren que se les escuche, que se les reconozca, salir del anonimato social, dejar de ser un número más en la lista de población en riesgo y comenzar a ser un humano más en lucha contra la desigualdad.
Avanzan un poquito, sus amigos les escuchan, les enseñan sus dibujos y hablan en el parque (underground) sobre algo que escucharon cierto día, el Hip Hop surgió como un vehículo para canalizar la violencia acumulada en los barrios marginales de New York. Esta violencia, causa del sistema capitalista, les hacía continuar siendo desplazados y aislados del resto de grupos sociales, y lo más importante: los separaba a ellos mismos. Se canalizó esta violencia hacia las capas superiores que les oprimían y todavía lo continúan haciendo, utilizando el graffiti para escribir un nítido “POLICE KILLS” en una pared de Harlem, el rap para gritar bien alto y fuerte “FIGHT THE POWER” o el break para decir sin tapujos “NO GUERRAS DE BANDAS, MÁS GUERRAS DE ESTILO”… Entonces estos niños reconocen a ellos mismos con esos latinos del Bronx que bailaban sobre un trozo de cartón, con esos afroamericanos que lanzaban rimas al nivel de grandes poetas en un corro de Brooklyn, y comprenden que, porque no, ellos también pueden utilizar este arma para cambiar su situación, y la de las generaciones venideras (underground).
Investigan sobre MC’s actuales y clásicos, sobre fotógrafas como Martha Cooper (undergorund) que dieron mayor dimensión a la cultura, sobre formas de letras para pintar, efectos que añadir a sus tags… y van avanzando más, pasito a paso, “de a poquito”, en su capacidad para expresarse y compartir mediante el Hip Hop. Así un día, en el que le grupo es ya más numeroso y posee un nombre “Hip Graff crew", les llega la oportunidad de pintar un muro de un colegio público de su ciudad. Lo habían conseguido, iban a poder colocar su pensamiento y opinión (hasta ahora silenciada) a la vista de todo el mundo. Lluvia de ideas, valores educativos, solidaridad, respeto, hermandad, héroes revolucionarios nacionales.
Sólo queda plasmarlo, poner en lo más alto del mapa esa idea, colocar en la pared gris las coloridas ideas de Fidel (underground) “Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es preparar hombres y mujeres. Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es enseñar y educar. La tarea más importante de una revolución, y sin la cual no hay revolución, es la de hacer que el pueblo estudie.”, la colorida imaginación del niño del barrio que pinta de futuro la pesimista realidad.
Sin saberlo habían realizado, al igual que los elementos en el ciclo de los elementos terrestres, una ascensión a través de las vías de la sociedad. Empezaron en lo más bajo, sus situaciones les provocaban continuos roces que causaban una presión que debía salir por algún lado. Utilizando el Hip Hop logran expresar, involucrándose poco a poco, sus opiniones y su historia, cambian su nombre, ponen un nombre a su sociedad… y plasman una idea global del grupo en un lienzo de concreto, que hará que próximas generaciones continúen el ciclo. Desde abajo habían conseguido llegar a lo más alto, la libertad de poder decir lo que piensas, hacer lo que quieres y vivir, sobre todo vivir. Pero vivir sabiendo siempre de donde se viene, de debajo de la tierra, UNDERGOUND.



(Historia basada en el taller de Hip Hop realizado en APAN, Diriamba, con la crew Hip Graff).



Granada 07/08/2014

viernes, 22 de agosto de 2014

Después… no esperaremos nada a cambio

Después de recibir una amenaza de denuncia si no borraba cierta publicación del blog, después de caer al pozo y, como siempre, volver a rebrotar cuando ni yo mismo tenía expectativas de ello, después de acariciar en sueños la tersa piel de la nostalgia, después de leer en una semana Eduardo Galeano y sus (todavía) venas abiertas, Lenin y sus tesis sobre el estado, pasando por Gioconda Belli y su femenino país, después de empaparme bajo la lluvia tropical, después de cantar con los coyotes y de recorrer la ciudad de madrugada junto a los perros delgados y sucios…  después de todo, y lo que queda sin contar, vuelvo a teclear sobre la opaca carcasa de la computadora para demostrar(me) que sigo vivo, aprendiendo y aportando mi semilla a las ondas del viento viajero.






Como el viento, recorrimos el valle y las quebradas circundantes al lago Xolotlan, al inmenso volcán Momotombo, para adentrarnos en el corredor seco del país, a espaldas de la cordillera de los Maribios, capitaneada por la hermosa antigua colonial ciudad de León. Como en las otras dos ciudades que fueron capital del estado nicaragüense en algún momento de la historia (Granada y Managua) la ciudad de los poetas alberga un clima caluroso, casi infernal, que alienta al peatón a consumir continuamente raspados (hielo con infinitos siropes). León es la ciudad en la que nacieron los dos mejores poetas del país, Don Rubén Darío y Don Alfonso Cortés, locos, bohemios, borrachos, genios y fieles clientes de la muerte y sus consultas de psicoanálisis. Además de estos dos poetas, fue cuna de otros tantos poetas de renombre (Salomón de la Selva, Azaría H. Pallais) y de una gran cantidad de iglesias de origen católico (recuerden que un 90% de la población nicaragüense es actualmente católica, el resto son evangélicos…). Sobre todas las construcciones religiosas destaca la enorme basílica de la Catedral, en el parque central. Allí descansa el cuerpo de Rubén, custodiado por el triste león, dicen que se encuentra en ese estado por su muerte, pero más bien se encontrará triste por estar encerrado en ese templo religioso y alejado de los cisnes, del vivo azul que pretendía borrar la oscuridad que tiñe la vida del hombre letrado, de los lagos que navegaba en las barras de la bohemia ciudad parisina. En la cúspide de la catedral se puede observar a cielo abierto una gran panorámica de la ciudad, entre el blanco pureo de las cúpulas que te hacen retroceder a tiempos de colonización y adoctrinamiento a sangre y espada.





Tiempos de esclavitud indígena, como la que sufrió Sutiava, una antigua comunidad indígena (hoy convertida en un barrio más de León) que continúa reclamando los derechos de su cultura nativa, sus tradiciones, su lengua, su identidad. Sutiava era una gran porción de territorio que albergaba a uno de los caciques importantes del país, el cacique Adiact, y que tras el terremoto y erupción del Momotombo en 1610, que destruyó la ciudad de León Viejo, prestó el Este de su territorio para asilar a la población colonial que había perdido todas sus estructuras. El agradecimiento de los colonos de León fue tan elegante como siempre ha demostrado el imperial estado español: invadió sus tierras, ahorcó al cacique, esclavizó a la población, explotó las tierras hasta secarlas e invadió la costa para construir puertos y lujosos ranchos a orillas del Pacífico. Pese a ello, en esta comunidad se puede visitar un museo sobre la cultura y la tradición indígena, decenas de murales alusivos a su continua lucha y una iglesia en la que su interior dibujan símbolos indígenas como el Sol entre dioses de túnica y aureola.










Volviendo al parque central, visitamos el museo revolucionario. Hay que recordar que León fue la primera gran ciudad liberada de la guerra civil revolucionaria de 1979 contra la tiranía somocista-yankee. En este museo contamos con la compañía de Marcelo, un exguerrillero que con tan solo 16 años se enroló a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional y que con 17 comandaba una de las columnas de la ciudad frente a la reaccionaria Guardia Nacional. Nos cuenta con orgullo como Augusto Cesar Sandino y su ejército de hombres libres (de tan solo 30 hombres en sus inicios) acabó con más de 25.000 soldados estadounidenses, como un leonés (el héroe Rigoberto López) disfrazado de mesero acabó con la vida de uno de los Somoza, como los estudiantes y los trabajadores acudían juntos a las huelgas generales masivas por las calles de la ciudad, como los misiles caían sobre los tejados de caña y barro matando a mujeres y niños, como la Guardia Nacional acababa sistemáticamente con los jóvenes de entre 15 y 30 años, como cuando recuperaron el cuartel que hoy hace de museo encontraron en una sala de un metro cuadrado a 20 cadáveres asfixiados de militantes sandinistas… y como tras dos guerras, las tropas del frente de León marcharon el 18 de Julio hacia Managua para liberar la capital y el resto del país, a grito de ¡Patria libre o morir! (cumplieron aquello que decían: Somoza y los yankees nos la van a pagar).

Prisión de 1m x 1m




Por último emprendemos la marcha hacia el Cerro Negro, un volcán de cenizas volcánicas que ostenta el segundo puesto en el ranquin de volcanes más jóvenes del continente americano. Un auténtico desierto negro de coladas de lava volcánica y cenizas y rocas desprendidas por la violencia de las erupciones volcánicas de la zona. Desde la cumbre se pueden observar hermosas panorámicas del pacífico y la cordillera volcánica de los Maribios.










Una semana después realizamos una de las experiencias más indescriptibles hasta el momento. Con la colaboración del MARENA (Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales) y del equipo de la Reserva Natural de Chacocente, emprendemos el proyecto de ayudar en el conteo y vigilancia de las puestas de huevos de tortuga paslama (Lepidochelys olivacea) en una de las 7 playas a lo largo del mundo que alberga este acontecimiento. La escala de llegada de tortugas a la costa consta de tres categorías: solitarias (menos de 500 tortugas), moderada (de 500 a 999 tortugas) y arribada masiva (más de 1000 tortugas). En nuestro caso, y coincidiendo con la fase lunar de cuarto menguante (la fase lunar es un indicador de alta probabilidad para que entre los meses de Julio y Enero se produzcan arribadas masivas) se produce la primera arribada masiva de la temporada, y nuestro trabajo consiste en contar las tortugas que desovan en la playa y vigilar la frondosa espalda de la playa refugio del peor depredador de la tortuga, el hombre (son muchos los hueveros que se acercan a la playa para robar los huevos y venderlos después en el mercado negro). Pero gracias al gran trabajo del equipo del refugio (íntegramente compuesto por habitantes de las comunidades que forman la periferia de la Reserva) se ha conseguido que en esta zona la tortuga paslama haya pasado de estar en peligro de extinción a estar catalogado como vulnerable por la UICN, y que los datos de anidación que aportan a la ciencia sean de los más fiables para el estudio y seguimiento de la población.


Con una sensación totalmente nueva encaramos la segunda fase del proyecto, las pilas recargadas al máximo, y aunque dicen que las segundas partes nunca son buenas, nosotros, tras saltar mil barreras y muros que nos han construido en el camino, seguiremos creyendo en nosotros y en nuestro trabajo, seguiremos luchando cada día frente a la marginación, seguiremos mirando (y escupiendo) a los ojos a la burocracia y a la mercantilización de la empatía, seguiremos sacando sonrisas de un papel en blanco, seguiremos escribiendo raps combativos y poemas pesimistas, seguiremos brindando tras cada triunfo… sin esperar nada a cambio, seguiremos dignificando al pobre.
“La victoria tiene un precio elevado y triste: la alegría total. Por eso es patrimonio de las generaciones futuras” Carlos Fonseca Amador.



Diriamba 22/08/14

viernes, 25 de julio de 2014

Polvo de estrellas

Veinticinco de Julio de 2014, casi medio mes después me dispongo a compartir los sentimientos que experimente y todavía retengo en mi órgano sensorial de mayor tamaño, y que se empeñan en no abandonarme. Iniciamos uno de los viajes más largos y especiales del trayecto, tras un interminable recorrido en bus entre viento, lluvia y cumbia, más de cinco horas de carretera y un sinfín de rostros que recorren el mecanizado transporte sin saber cuál es su rumbo. ¿Será el señor de bigote vendiendo cuajada destino a Juigalpa el campesino revolucionario que su sombrero dejaba entrever? ¿Será la mujer de rostro triste una víctima más del sistema capitalista? ¿O será una de tantas heroínas que ayudó a esconder a guerrilleros en su propia casa para evitar su captura por la reaccionaria Guardia Real? ¿Será el joven cobrador de pasajes un alma perdida sin ideales? ¿O formará parte de la juventud que cambiará el hipócrita mundo en el que vivimos?


Incógnitas que nunca resolveremos, seguramente, pero que si nos ayudarán a divagar, como ayudó a divagar el universo a Ernesto Cardenal. “Solo somos polvo de estrellas”, y como tal, fuimos a caer en una de las tantas islas que agrupa el indómito archipiélago de Solentiname. Nuestra primera visita por esta acuática galaxia nos empuja a la isla de Mancarrón, en el archipiélago anteriormente citado. Artesanía indígena, estas dos palabras son suficientes para describir la isla, sus habitantes, su cultura, historia… artesanía, porque todo y cada uno de lo que uno encuentra está hecho por la mano del obrero indígena, por el sudor del cortador de caña de azúcar harto de sangrar por la frente y desvanecer por el estómago, e indígena porque todo rebosa a ese aroma tropical de los Chorotegas, ese festival del color, rojo por aquí, purpura por allá, destello de azul sobre un matiz amarillo en la otra cara y en su opuesta un reborde negro recorriendo la finura del valle pintado de verde esperanza…



No es de extrañar que el gran poeta y camarada Ernesto Cardenal viese en esta isla la influencia necesaria para crear una de las comunidades indígenas más productivas e imaginativas de la geografía centroamericana. La verdor florística recorre todos y cada uno de los metros cuadrados del terreno aislado de tierra firme, las oropéndolas cantando desde sus colgantes nidos, el agua rodeando la roca ígnea, los sedimentos a la orilla del lago (donde reposa tranquila una vieja barca colorida con la vela plegada) que destella ante un atardecer dorado que pronostica un más áurico todavía amanecer…



El segundo destino al que el polvo procedente de uno de tantos astros apagados por el tiempo, o por la falta de amor (¿no es lo mismo?), fue a caer en la Reserva de Vida Silvestre de Los Guatuzos. Este territorio fue ocupado por los indígenas guatusos, pero la colonización y la fuerte industrialización hizo que huyeran hacia la cercana nación de Costa Rica, para formar una nueva comunidad, con unas viejas normas y estructuras. Los Guatuzos no albergan ya indígenas tropicales, su lugar lo ocupan los mosquitos que pueden aumentar a sus anchas la población ante tal cantidad de agua estancada (una industria natural de dengue). Pero además de estos insectos la reserva está recubierta por un paraíso faunístico y floral para cualquier amante de la naturaleza: caimanes por todos los lugares, helechos de metros y metros de alto, monos araña, carablanca y congo (aullando a cada paso que insertas en su tupida selva), iguanas de proporciones inimaginables, garzas, martín pescador, colibrís (un orgasmo avícola en su máximo esplendor), orquídeas inapreciables para el ojo humano, hongos deslumbrantes y epífita flora sobre la húmeda lignina. Duele mucho pensar que en una zona tan fértil sea el hambre una de las lacras que recubren el paisaje de hambruna y deforestación.

















El tercer destino de la mota astral fue el anormal pueblo de El Castillo. Una fortaleza del siglo XVI defiende el territorio del Río San Juan de piratas (de parche en ojo o de barras y estrellas en bandera). Un pueblo con aspecto caribeño, y con paisaje selvático a sus espaldas y a su frente, con un gran raudal recorriendo su mediatriz, un pueblo en el cual recordar que no somos más que instantes, más que motas de segundos que aspiran a vivir alegres en soledad, convencidos de que la distancia es un obstáculo insalvable y que duele más el no poder hacerlo que el no saber hacerlo.



Un pueblo recorrido de dentro a fuera por un caudal de agua sobrecogedor, un río que haría olvidar, al mejor poeta que he leído, todas sus penas, un río sobre el cual esos verso pesimistas le cantarían a la belleza, y no a la pérdida de una princesa, un río sobre el cual el surfista quemaría su tabla y montaría una de tantas canoas en busca de guapote y sábalo, un río sobre el que las lágrimas de la vía láctea que formó el big bang de tus ojos harían que desbordase y se adentrase en tan indómita formación arbórea.


Y llegar a San Juan de Nicaragua, zona caribeña en plena tormenta (¿tormenta?¿alguien se atreve de hablar de tormenta sabiendo que a cada bocanada de aire mueren sonrisas en mi corteza cerebral como niños en la franja de Gaza?) que desprende un aroma a coco y pescado asado muy característico, un pueblo abandonado por el capitalismo (fue el lugar elegido para realizar el canal interoceánico hoy situado en Panamá) porque este resistió rebelde ante el imperialismo, como el pueblo de Solentiname asediando San Carlos, como no resistió Panamá sirviendo sus aguas a los cargueros de tan magnas empresas forjadas al calor del oro negro y sangre proletaria-campesina. Abandonado del desarrollo industrial, pero no abandonado del desarrollo natural, allí las lapas sobrevuelan a sus anchas, como sobrevolaron los aviones del frente en la revolucionaria guerra, allí los manatís surcan el agua buscando alimento entre fanerógamas, como los piratas surcaron el río a contracorriente buscando el dorado caribeño que escondía el Indio Maíz (reserva de la biosfera que abraza en casi todo su recorrido al Río San Juan) entre tucanes y cocodrilos.

Después de recorrer la inmensidad de un río inacabable, ¿alguien se atreve a valorar el papel del ser humano en este mundo?. Después de ver la naturaleza arrodillarse ante el paso del tiempo, ¿alguien se atreve a creer ser el centro del mundo?. Después de percibir a la fauna huir de la evolución, ¿alguien se atreve a permanecer anclado en el pasado?¿alguien se atreve a mirar a los ojos al futuro?. Después de compartir con un letrado especializado en lienzos ¿alguien se atreve a discutirle a la soledad la libertad?. Después tocarte con mis manos, ninguna piel recubre mis valles dactilares como lo hizo tu carnosa seda. Como dijo el lúcido Alfonso Cortés:

“Un trozo azul tiene mayor
Intensidad que todo el cielo
Yo siento que allí vive, a flor
Del éxtasis feliz, mi anhelo…”








Fuiste el cielo que hoy observo desde mi ventana, entre vinos, nostalgia, galaxias y  polvo de estrellas, que serán futuros pesimistas enamorados.

25/04/2014


Diriamba