lunes, 2 de febrero de 2015

Danza blanca

Entre dos lagos eternos y quince volcanes majestuosos se sitúa una de las rutas mágicas que alberga el planeta Tierra. Para los buscadores de aventuras, esta ruta se haya extendida entre los departamentos de Masaya, tierra de leyendas y espíritus del inframundo, Carazo, la cuna del teatro satírico contra la colonia española, y Granada, la gran sultana.

Cuenta una leyenda nicaragüense, que entre los poblados de San Marcos y Catarina, extremos de la mencionada ruta, se pueden recorrer 14 kilómetros entre esculturas de madroño, cerámicas con vida propia, lagunas cratéricas de la que surgen aves fantásticas, frutas con combinaciones de color-sabor no descritas por ningún experto culinario y héroes patrióticos de la humanidad. Para poder vivir todos estos maravillosos relatos, uno sólo debe tener las puertas de la mente abiertas, dejar fluir los sentidos… eso sí, debe realizar la ruta en un día, entre el nacimiento desde la tierra del agua celeste y la muerte de las rojas vespertinas. Y cruzar desde San Marcos hasta Masatepe, de aquí partir a Nandasmo, recorrer las calles de Niquinhomo y los hornos de San Juan de Oriente hasta llegar al salón de baile de la Laguna de Apoyo.



Esta leyenda menciona, que cuando rompe el alba, en el pueblo caraceño de San Marcos el anaranjado Sol tiñe de rosado el azul tapiz del cielo y en ese momento, antes de que apremie el calor sofocante del trópico, los guardabarrancos, aves bañadas de misticismo y colores, aprovechan el silencio, la tranquilidad, la efímera frescor del fruto morado, para salir en busca del amor. ¿Por qué en ese preciso instante? Porque durante el resto del día, los oscuros zanates reinan en la tierra del fuego, y no permiten que nadie ni nada goce del placer de la compañía floreciente entre dos cuerpos. Lo hacen por miedo, por miedo a que otros acaben con el gozo de compartir, pues viven engañados por el solitario zopilote, el cual desde tiempos chorotegas, cuando él mismo acabó con la serpiente emplumada (ave de la vida y el futuro), reunió a todos los zanates posibles y les contó, que si alguna especie más disfrutaba de la compañía de la colectividad, ésta acabaría agotándose, como el agua, como el maíz, como el amanecer. El zopilote, ante la culpa y el daño que sintió y siente desde aquel fatídico día en el que guio al hombre blanco por el mar del Norte hasta el lecho de su amada quetzacoalt, y el primero acabó con la segunda, buscó la forma de evitar que nadie más pudiese padecer el dolor que el sufre. La solución para ello se la dio un grano de maíz, de un sembrado de mazorcas, en el susodicho San Marcos. Éste le dijo, escuchando el sordo llanto del zopilote: amigo, para evitar que nadie más sufra este inagotable dolor, debes reunir al grupo más numeroso de aves, a la especie que más individuos propague por estas tierras, y hacer que sólo ellos puedan gozar del placer de la compañía. ¡Los zanates!, contestó el zopilote. Pero, ¿por qué ellos?, si son el grupo más numeroso, serán los que más sufran cuando dejen de gozar de la compañía. Efectivamente, mi querido compañero, pero ellos, que superan en número a las demás especies, se encargarán de vigilar que ninguna especie avícola más pueda enamorarse, y por lo tanto pueda sufrir por la pérdida del acompañante. Así el zopilote, se vistió de negro, perdió el collar de plumas coloridas que le regaló su amada serpiente emplumada, reunió a todo los zanates, les contó la falacia del limitado amor, y les obligó a vestir de negro, para evitar ser confundidos con otra ave. Por ese corazón roto, es por lo que el guardabarrancos aprovecha el alba, cuando los guardianes descansan, para acurrucarse con su pareja, para danzar entre rojas pitahayas y amarillos granos de maíz, entre los rizos dorados del Este y los plateados cabellos de la luz de la noche, y regresar cuando el nuevo día ya empieza a oler a nacatamal caliente y café hirviente.



El siguiente lugar asombroso, de estos blanquecinos asentamientos, es Masatepe, donde las esculturas de madera tienen vida. Cuentan que allí, en el mismo Masatepe, escondido en un rinconcito de una pequeña casa de fachada blanca, se encuentra un duende. Este duende, pequeñito, juguetón y rebelde, es el alma de los niños indígenas, que nunca quisieron dejar de ser niños. Así, cuando llegaron los colonizadores españoles, y les obligaron a trabajar y a dejar de ser niños, estos se rebelaron. Su rebeldía consistía en dar vida a objetos inanimados. Ya desde aquellos tiempos, los nativos eran expertos escultores, tallaban a la perfección cualquier forma en la madera de los árboles circundantes: caballos con alas, seres con lengua de serpiente y pico de chocoyo, dioses de agua y humanos de maíz. Su rebeldía consistía en dar vida a objetos inanimados… cada niño que era forzado a trabajar en la construcción de templos, en la recolecta de alimentos, sirviendo a los lujosos nobles de la gran patria, perdía el alma por la mañana, y por la noche, este alma salía por las calles de Masatepe y hacía que cobrasen vida todas las esculturas talladas por sus hermanos. Con esto, los niños sólo buscaban una cosa, que al día siguiente, cuando estuviesen sudando en pleno campo soleado y con el estómago vacío, los caballos alados sobrevolasen el campo, la serpiente con pico de ave surcase los tallos de maíz, de donde saldrían hombres que les entregarían mazorcas y del suelo y de las nubes llegarían dioses azulados translúcidos como el agua para calmar su sed. Desde aquel entonces, por cada niño que pierde el alma, miles de figuras fantásticas llegan a Masatepe a continuar enloqueciendo el mundo.



Siguiente parada, Nandasmo. Cuentan los artesanos que albergan la zona, que al final del camino que cruza el pueblo, uno puede observar el pasado. Al parecer, cuando acaba el terroso zigzaguear hacia el norte, uno llega a un mirador mágico, espejo del alma, reflejo del pensamiento, proyector de la evolución humana. Se trata de una laguna, eso es, simplemente agua. Pero el recipiente de esta agua, fue hace milenios, millones de años, una antiguo volcán, una caldera de lava y gas, hervidero natural. Cuando este se calmó y se llenó de agua, los humanos se acercaron, y bebieron de su agua, acompañados del jaguar, y lo pintaron en las laderas de la laguna, vieron cómo donde antes vivía el fuego ahora yacía el agua, y en forma de dioses lo grabaron piedra sobre piedra en las paredes volcánicas, oyeron rugir la tierra sobre la que descansaban, y lo guardaron en forma de dibujos en vasijas de tierra, agua y fuego. Así llenaron las paredes de la laguna de miles de dibujos que recordaban todo lo que habían aprendido, vivido y conocido: la vida, la muerte, dios maíz, dios jaguar, dios sol, dios agua… Es por ello que ahora, cuando uno se asoma a la laguna y observa con los oídos y escucha con los ojos, puede ver reflejado en el agua toda la historia pasada sobre esta tierra, el místico jaguar, el tejer multicolor, las coloridas aves surcando el cielo, el abrazo entre hermanos, el primer beso, la primera decepción, el morir de dioses y la eternidad de los humanos.



A dos pasitos se encuentra Niquinhomo. En este pueblito, cuentan los ancianos del lugar, que nació hace años un hombre, pequeñito, muy chiquito, del tamaño de un morado frijol, pero que su sombra, a cada día que pasaba, se iba haciendo más y más grande, hasta llegar a cubrir toda Nicaragua, hasta sobrepasar las fronteras y cubrir Costa Rica, Honduras, Centroamérica, Latinoamérica, todo el continente y, finalmente, todo el planeta. Todos se sorprendían, ¿qué extraña enfermedad hace que crezca su sombra cuando no crece su cuerpo?. Los visitantes, venidos de los altos edificios, de los coches autopropulsados, de las máquinas a todo vapor y de las ciudades donde las personas se han olvidado de ser personas y ahora son gente, no comprendían como era posible aquella contradicción física, aquel reto de la humanidad a leyes de la iluminación. Escuchá, decía el más viejito de los ancianos, este hombre aumentaba su sombra porque era rebelde y se levantaba ante cualquier injusticia, porque se entristecía al ver que el cortador de café no podía comer al final del día, porque gritaba cada vez que el rubio del norte robaba tierras a sus indefensos hermanos, porque lloraba cada vez que observaba a su madre dejar de comer para que el comiera, porque organizaba a todos los pobres y les instruía para eliminar la desigualdad, para repartir las tierras, para tener todo y no poseer nada. Así es, su sombra, no era otra cosa que el reflejo de sus ideas, cada vez que un campesino se unía a él, el opresor verde montado en el águila del norte tenía más miedo, cada vez que en una fábrica paraban las máquinas a grito de ¡basta de explotación!, cada vez que un estudiante leía sus textos, cada vez que una casa abría la puerta para alojar a un libertador, sus ideas se iban expandiendo por la tierra, por el aire, por el océano, burlando las fronteras (físicas y jurídicas), hasta que llegaron al seno del pueblo que lo vio nacer, y se organizó, y se levantó, y pudo vivir, por poquito que fuese, pero pudo vivir. Hoy en día, si usted se acerca a Niquinhomo, podrá observar, en la plaza central, una enorme figura de bronce negro y rojo al cuello, que recuerda la hazaña de este hombre que crecía porque hacía crecer.



Llegando al final del camino, se choca con una de las más maravillosas e increíbles aldeas del lugar, San Juan de Oriente. Un poblado donde los oriundos tienen la capacidad de contar la historia utilizando la tierra, el agua y el fuego. ¿Cómo?. Fácil, piensan ellos, coges un poquito de tierra, la mezclas con agua, la justa para evitar que la tierra se ahogue y la suficiente para evitar que tenga sed, se moldea la mezcla con la forma de la historia que uno desee contar y cuando se tiene listo, para evitar que se borre y perdure (como un libro en la biblioteca) se introduce en una habitación cubierta de fuego, hasta quedar duro y eterno. Con esta fórmula, en San Juan, se contaron y se cuentan historias sobre hombres con cabeza de jaguar, sobre serpientes con cuerpo de ave, sobre el cíclico nacimiento y muerte del sol… siempre fueron rebeldes y creativos, por eso, decidieron contar la historia, la suya propia, con libros donde las letras son figuras y el papel es barro.



La última y definitiva parada, estimado compañero, es la majestuosa Laguna de Apoyo. Allí, si uno llega, después de haber recorrido todo el camino, pasando y conociendo cada uno de los pueblitos blancos, chiquitos y mágicos, puede observar, escuchar y sentir todo lo aprendido cohabitando en armonía. Puede ver al guardabarrancos sobrevolando la laguna acompañado de su pareja, mientras corretean y saltan al agua, desde un muelle, las figuras de madera y las almas de los niños, que salpican de vitalidad a los jaguares, las serpientes emplumadas y los cazadores pintados en las paredes, contándole al pequeño hombre la historia que le haría cubrir el mundo de un manto de ideas justas y danzando, al son de tambores y rugidos, a los personajes de barro de los libros escritos a fuego.




Para comprobarlo, dice una anciana mujer, que asiste a la función desde el palco de Catarina, sólo es necesario un requisito, la mente. ¿Para pensar?, dijo el viajero. No, para caminar.

Diriamba, Enero de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Artesanos del cemento

Ciudad de Diriamba, Nicaragua, 15 de Noviembre de 2014. En el pequeño espacio temporal que el clima tropical pacta con los habitantes de la calle, entre las lluvias torrenciales y los vientos huracanados, un grupo de jóvenes de la citada ciudad deciden aportar su grano de arte a los muros de su patria. Partieron de un encargo de una escuela pública local para realizar un mural sobre la educación. Una lluvia de ideas sobre la educación: respeto, hermandad, solidaridad, cultura. Respeto, el revolucionario saludo a la bandera nicaragüense; hermandad, dos manos entrelazadas sujetando su mutuo peso; solidaridad, las banderas de tres patrias ejemplares como Venezuela, Cuba y el FSLN que se ayudan sin buscar nada a cambio; y cultura, el rostro del cacique Diriangen escoltando la silueta del General de Hombres Libres.

La impaciencia les corroía por dentro, querían pintar ya el mural, pero no llegaban noticias desde las oficinas. Decidimos reunir a todos y proponer la única salida: recolectar dinero de los negocios y vecinos locales para comprar la pintura necesaria, conseguir el los accesorios como brochas, rodillos, cubos… de casa y buscar un muro alternativo y visible para plasmar el boceto.
Todos aceptan y pasan a la acción, después de días de recorrer las calles de negocio en negocio, pidiendo colaboración para un proyecto alternativo y creativo con jóvenes de la ciudad, después de solicitar permiso para pintar un muro céntrico, después de empaparnos en las noches lluviosas caminando entre pizzerías, panaderías y parques, después de modificar mil y una veces el boceto original, de añadir y eliminar colores, figuras, letras… llegó el día.

A las 8 de la mañana doblo la esquina del mural y ahí estaban todos, esperando, con una sonrisa entre los labios y bromeando, con la impaciencia en la muñeca agitando aerosoles. Empezamos coloreando todo el muro de blanco hueso, extrayendo el máximo posible de cada mililitro de pintura, y esperando unos largos 20 minutos a que secara perfectamente el crema claro sobre el concreto. Empiezan a sonar los botes de pintura spray agitándose, el olor a pintura y el sonido del gas saliendo a presión de su celda de aluminio. Un trazo negro sobre el hueso se extiende, el spray va pasando de mano en mano (condición obligatoria) como un ritual en el cual todos son participes de todo, como los zapatistas y su “para todos todo, nada para nosotros”, unas líneas más curvas que otras, muy onduladas, con poca pintura o con excesiva y sus consiguientes goteras. Es el proceso de aprender, caerse para levantarse, equivocarse para corregir, conocer los errores, su causa y su solución… poco a poco se va llenando de color el gris muro, de mensajes y de vecinos que se acercan, nos felicitan por el trabajo, nos animan, nos piden permiso para fotografiar la escena, nos proponen nuevos proyectos y reciben, los chicos diriambinos, la felicitación de un compañero de profesión, de pueblo y de arte.

La jornada finaliza compartiendo risas, bromas y comida con los últimos resistentes (después de 9 horas delante del muro y del sol). El trabajo que realizan no es ningún crimen, si se hace con conciencia, si se hace con la intención de transmitir un mensaje, una opinión que haga avanzar a la sociedad de la que formamos parte, que haga mejorar nuestra comunidad, que ponga un microgramo de esperanza en la humanidad. Es el trabajo de moldear las ideas y expulsarlas al exterior, el trabajo de estrujar la masa cerebral hasta conseguir aportar algo nuevo al panorama, el trabajo de controlar la presión que ejercen miles de músculos dactilares sobre la boquilla del spray, el trabajo de desgastar día tras día el negro grafito sobre el blanco folio, el trabajo de dar vida al inerte, gris e inmóvil cemento. Al fin y al cabo, lo que mejor define a esta extraña estirpe de locos, en la región de las artesanías milenarias, los portainciensos mayas, los telares catchiqkeles, los petroglifos chorotegas, es la definición derivada de un amigo de la pampa: artesanos del cemento.



Diriamba, 12/01/15

martes, 25 de noviembre de 2014

Nubes militantes

Como nube terrosa
en carretera polvorienta
desaparecieron
43 hermanos.

Estudiantes
que no callaban
ante la mano
del amo.

Trabajadores
que abrían
el libro
y cerraban
el puño
(en alto).

Creyeron
los buitres lacayos
del águila del Norte
que borrándolos
de nuestra vista
iban a dejar
de estar presentes.

Olvidaron que,
como mariposa monarca
sin corona pero
con alas incansables,
recorrieron
los cuatro puntos
cardinales:

Fueron Jhon Reed
gritándole al imperio.
Fidel y Camilo
en el Caribe.
Augusto Sandino
y Farabundo Martí
en el centro del continente.
Fueron como Hugo
hijos de Simón Bolívar,
guerrilleros farquianos
en la selva colombiana.
Como Salvador Allende
fueron hijos del pueblo,
fueron montonera
en la pampa,
tupamaros
en el Río de la Plata.
Fueron Evo
en las cumbres
del Illampu,
Tupac Amaru
en Cuzco.
Fueron Zapata,
Pancho Villa,
el 5 de Mayo,
y Ejercito
Zapatista
de Liberación
Nacional.

Fueron
son
y serán
compañeros
de lucha.

Hoy más que nunca
se escuchan sus voces
se sienten sus pasos
abarrotando el D.F.
Se observa su grito
y su mirada creciente
señalando el futuro.

Os esperamos
en el aula
y en el centro
de trabajo.

Nunca cesaremos
de llenar el cielo
de nubes que escriban:
¡vivos se los llevaron,
vivos los queremos!




Diriamba, 21/11/2014

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Recuerdos

“La idea y el recuerdo son lo más íntimo del hombre; donde nadie puede escrutar, ni pudo escrutar la inclemencia de la montaña, lo único que la naturaleza no puede transformar fácilmente. Uno alimenta los recuerdos y cuando se acuesta en la hamaca por la noche, acurruca los recuerdos, los saca un poquito más para fuera del cerebro, les da vuelta en la cabeza, los pasea un poco, tímidamente por los ojos, tal vez por la cara; pero yo nunca me la vi. Entonces saca a pasear el recuerdo y antes de dormirse lo devuelve al cerebro paulatinamente como un caracol que se encierra de nuevo, tus ideas las empezás a recoger otra vez, a lo mejor yo no sé si también el cuerpo, y empezás a encerrar de nuevo tus ideas, a recoger los recuerdos hasta que se cobijan y quedan quitecitos alojados en el cerebro… como descansando… y te dormís. Digamos que el único cordón umbilical, el único hilo que te queda con ese pasado o con ese presente que convirtió en pasado –eso lo recuerdo increíble-, es la idea, el recuerdo.”
Omar Cabezas, La montaña es algo más que una inmensa estepa verde.

Es increíble como una canción de rap, un libro o un dibujo puede despertar tanto sentimientos en una persona, tantos recuerdos que vienen a la cabeza de golpe, veranos que deseas que nunca acaben, conversaciones que te empequeñecen físicamente pero te hacen gigantes interiormente, lágrimas recorriendo fugazmente las mejillas como si cuanto antes caigan al suelo antes se olvidará su causa, sonrisas perenes que le ganan el pulso a dioses y se niegan a morir ante la historia. Es increíble como salen a pasear los recuerdos de rimas entre micros y altavoces de bajo presupuesto, de cervezas, asados y aguardientes bajo la Luna de nuestra patria, de sábanas ardientes como el infierno, de versos en pos de la más hermosa de las musas.
Parece que los recuerdos tocan a la puerta de la memoria, se limpian los pies mojados por la lluvia y el barro en la alfombra de la entrada y pasan al salón del presente, y te dicen que continúa ahí la felicidad de compartir plato con camarero, poeta, sufridor o princesa a pesar de que “a veces llegan heladas y no encuentras la forma de arrancarle al invierno la distancia”… continúa ahí la felicidad, pero acompañada por la nostalgia, la melancolía, la tristeza, esperando el postre de la última cena.

La grandeza es que ese postre solo lo puedes servir tú mismo, y tú decides si quieres que sea amargo como el olvido y el químico en la garganta o dulce como el recuerdo la fruta tropical. Tú decides…



Diriamba 04/11/2014

Aceptar la miseria enriquece

Finales de Septiembre, después de 6 meses por el núcleo de Centroamérica, nos vemos obligados a salir de la céntrica Nicaragua para renovar visado y poder continuar con el proyecto. El rumbo que escogemos es hacia el sur (quizá tentados por nuestras ganas de enrumbarnos hacia el cono sur del continente), hacia Costa Rica y Panamá.


El destino que nos fijamos tiene su raíz en la economía: Costa Rica es el país más caro de toda América Latina (junto con Uruguay y Chile), y ante nuestra situación de voluntarios decidimos continuar la ruta hasta el norte de Panamá, mucho más económico. En el norte caribeño del territorio panameño se encuentra un archipiélago de islas de película, es el archipiélago de Bocas del Toro. El nombre viene de la época de conquista y saqueo español, cuando llegó Cristóbal Colón en una de sus expediciones, ante el ruido que generaba el choque del agua con las rocas de las islas y que se asimilaba al rugido de un toro, los tripulantes dijeron que se hallaban frene a la boca de un toro. Desde Diriamba hasta Bocas del Toro hay cerca de un día de transporte. Primero nos dirigimos hacia San José, la capital de Costa Rica, en un viaje de 8 horas en bus, cruce de frontera, montañas y tormentas tropicales incluidas. En San José se debe agarrar otro bus en dirección a Sixaola, el pueblo fronterizo con Panamá en el lado caribeño. En este punto nos separamos de nuestras compañeras de proyecto, y quedamos los tres varones solos en el trayecto (los tres mosqueteros, como nos bautizó Marijus). Este segundo viaje en bus tiene una duración de cerca de 6 horas, atravesando más de la mitad de la costa caribeña costarricense (a lo largo del trayecto se observan innumerables factorías de frutas, de productos madereros… debido a que la mano de obra en el caribe es más barata que en el resto del país, quizá el hecho de que allí resida la mayor de la población negra tenga algo que ver, al igual que tanta empresa norteamericana tenga algo que ver en la bajada de pantalones que Costa Rica ha realizado a lo largo de su historia contemporánea).

En Sixaola viene la primera gran aventura, cruzar la frontera a Panamá. Lo primero que se debe tener en cuenta es la imagen tétrica de la frontera: un puente de viejos tiempos ferroviarios, de hierro macizo y abandonado a su uso inicial, donde la gente solo puede cruzar a pie, sobre el río homónimo nombre. Lo segundo a tener en cuenta son las autoridades fronterizas, tanto de uno como de otro lado, siempre que tengas dinero podrás cruzar sin problemas, si no lo tienes seguramente tendrás otra cosa: problemas.



Una vez en Panamá todavía faltan tres viajes hasta llegar a Bocas del Toro: un bus desde Changuinola (frontera) hasta Changuinola, otro bus desde Changuinola a Almirante y una lancha desde Almirante hasta Isla Colón. En total unas 3 horas más de viaje por tierras panameñas, donde observamos un ambiente mucho más verde que en nuestra zona del Pacífico nicaragüense, notamos un calor mucho más abrasador y húmedo y visualizamos grandes porciones de selva tropical y grandes plantaciones monocultivo yanquis de palma (para extraer aceite de palma) que devoraron grandes porciones de selva tropical. Después de todo este trajín de viaje nos recibe la anteriormente nombrada isla de Colón, la isla más grande del archipiélago y la que acapara la mayor parte del turismo. En Colón la población nativa es negra, hijas y nietos de las esclavas que vinieron de África a Panamá “gracias” a los buques europeos y norteamericanos destinados al tráfico de humanos. La isla está abrasada por el excesivo turismo que acarrea, pero aun así merece la pena visitarla. Las playas son de postal, el agua parece filtrada por modernos mecanismos científicos y las barreras coralinas son de documental, la fauna es digna de estudio: tiburones, mantas, peces de mil colores, cientos de aves policromáticas, enormes estrellas de mar…


Por la noche uno intenta aprovechar para disfrutar de la Luna caribeña, pero el excesivo turismo, la frenética música y el recuerdo y la memoria nostálgica le ponen freno al caballo del frenesí.

De vuelta a Nicaragua paramos varios días en la zona de Limón en el  Caribe de Costa Rica, concretamente paramos en Cahuita, una zona preciosa, en la que es posible pasar de un parque natural de selva a una playa caribeña de agua clara (nuestra estancia coincidió con un temporal típico de esta época y no pudimos apreciar tal encanto). Esta misma tormenta nos hizo retrasar nuestra llegada a Cahuita por la imposibilidad de cruzar la carretera panameña hacia el norte debido a los numerosos árboles caídos en la carretera.

Por último en paramos de nuevo en San José antes de embarcar rumbo a casa, esta vez lo hacemos acompañados por una nativo y oriundo del lugar, el cual entre tragos, guaro, salsa y cumbia, reconoce el sentimiento de cualquier costarricense con el mínimo de decencia: Costa Rica es como es por que históricamente no ha hecho más que bajarse los pantalones ante USA, no ha sido más que un lacayo del imperio, su prostituta de bajo precio, su perro dócil, su ejemplo a seguir para el resto de naciones. El desarrollo al que parece haber llegado no es más que el desarrollo íntegro del capitalismo, un desarrollo que se produce por la explotación de otra parte de la población (intranacional como es el caso de los habitantes caribeños del país e internacional como es el caso de los vecinos centroamericanos), por la concesión de tratados de libre comercio que favorecen dicha explotación. Es decir, ese aparente desarrollo no es otra cosa que aceptar la miseria para enriquecerse. La riqueza económica del país es mayor, pero la miseria moral del país aumenta también con ese capital, y la población, mientras se fragua el cambio, lo sabe y lo predica a sus hermanos centroamericanos para que no caigan en el mismo error. Será más rico, pero es menos digno.


Diriamba 04/11/2014

lunes, 6 de octubre de 2014

Guerra de guerrillas

Tras leer el libro Viva Sandino, del camarada Carlos Amador Fonseca, y divagar varias semanas sobre el contenido, uno se da cuenta de que la victoria de “30 hombres vestidos con harapos” sobre 30000 soldados del mayor ejército potencialmente armado no fue casualidad, si no consecuencia de un análisis certero de la realidad. Sandino logró la primera épica victoria de los pueblos oprimidos sobre el imperialismo de los EEUU gracias al uso de la guerra de guerrillas (y a otros factores, como la organización sindical de los trabajadores de las plantaciones de café, de los mineros…) en la zona montañosa del norte de Nicaragua.


Después de visitar esta zona, por segunda vez tras Matagalpa y Jinotega, pero más al norte, lindando con el país hermano de Honduras comprendemos como los guerrilleros, con el simple conocimiento del terreno partían con ventaja frente a las hordas imperialistas norteamericanas. Estos guerrilleros conocían las montañas de Nueva Segovia, Madriz, Matagalpa… como la palma de su mano, como las hormigas conocen perfectamente el recorrido entre la comida y su hormiguero, como el verdadero amante conoce todos y cada uno de los rincones de su amado o amada.


Somoto se encuentra en la parte norte del país, en el departamento de Madriz, en una de las zonas montañosas más elevadas de Nicaragua, rodeado de vegetación abundante y diferente a la del resto del territorio (paisaje dominado por pinos, y no por enormes árboles tropicales), y por lo tanto rodeado de agua. A escasos 12km de esta ciudad se encuentra el impresionante cañón de Somoto, una arquitectura geológica digna del mismo Miguel Ángel, de los laberintos de Borges o de la mente sin freno de Leonardo Da Vinci, pero realizada por la evolución. Siglos y siglos de agua recorriendo el mismo trayecto, desgastando la roca como la distancia desgasta al marinero sin musa en puerto, trazando un río flanqueado por unas paredes de centenares de metros, conformando un dinámico fluir de agua, como la vida con sus momentos más calmos en superficie (pero agitados en el interior) y sus momentos de violencia explosiva en su parte visible (pero conformando una superficie totalmente lisa y equilibrada en la superficie de los sedimentos). 


Como la vida, es decir, como el amor, un fluir constante de pensamientos, un dinámico nacer de acciones, un incesante sentir, que a veces te eleva en saltos de 20 metros hacia las profundidades (con la confianza de que vas a caer totalmente a salvo) y otras te tortura hasta ahogarte en el abismo del laberinto.












Y como dice el poeta, la vida son los ríos que van a parar al mar, el río que conforma el cañón es el río Coco, el más largo de toda Centroamérica, el cual recorrió el General junto a sus Hombres Libres en numerosas ocasiones, pasando calamidades pero sustentados por el pueblo, hasta desembocar en el mar Caribe. Esto hace que este río sea la mejor metáfora posible para los hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad, una larga vida hasta el mar. Larga, porque a pesar de morir jóvenes en la mayoría de sus casos, esa muerte les hizo, justamente, inmortales. Porque perduraron en la memoria de cada uno de los jóvenes que décadas después volvieron a empuñar las armas para humillar de nuevo al imperialismo, perduraron en cada huelga que paralizó la producción de café, de ron o de minerales, perduraron en cada poema que el guerrillero escribió en noches lluviosas bajo la tupida selva, perduró en las lágrimas de la madre al ver caer a su hijo asesinado por la Guardia Nacional, perduró en las notas de la guitarra que no sonaban si nadie las escuchaba.


Por todo esto, es por lo que la guerra de guerrillas, la de liberación en las sierras de Nicaragua, Cuba, Bolivia…, la del agua moviendo y moldeando por múltiples flancos la roca volcánica, la del poeta escribiendo versos de madrugada para retrasar el último baile, la de la enamorada que carga el peso de ser la viva imagen de la libertad… es la prueba definitiva y conclusiva de que no hay REVOLUCIÓN que no esté MOVIDA por el AMOR.


Diriamba 05/10/2014

lunes, 8 de septiembre de 2014

Underground (Hip Graff)


Desde lo más profundo de la tierra, el roce de un material con otro, el contacto entre minerales, el choque de rocas kilométricas, el movimiento del magma, la infiltración del agua… hace que estos materiales se entremezclen y formen conglomerados que dan lugar a otro material diferente, con propiedades distintas, pero que es vital para el hermético sistema que forma el planeta. Este nuevo compuesto va ascendiendo velozmente, tardando apenas miles de años, hasta la superficie terrestre, a escasos metros, o incluso centímetros, del suelo que pisamos. Esta ascensión la realiza gracias a la energía creada con el roce y el contacto, la presión que desde el interior de la Tierra expulsa todo material hacia la superficie. Una vez llega a la superficie, este material entra en el ciclo que más conoce y ha estudiado la ciencia ambiental en este proceso (lo cual no significa que sea el ciclo más importante del proceso), pasa por las raíces de la planta, cualquier vegetal que requiera ese elemento y tenga las condiciones óptimas para adquirirlo y extraerlo de los poderosos enlaces que los combinados de arcilla y arena lo atrapan a la lámina tectónica del planeta, lo podrán adquirir. Recorre las minúsculas vías interiores de la planta, el tallo (para producir el continuo crecimiento), los frutos (para obtener vitaminas, sabor, olor…), de vuelta a las raíces (para producir nuevas asociaciones simbióticas…) o a las hojas, donde puede ayudar en la realización de la vital fotosíntesis o bien puede pasar a la atmósfera gracias a los enormes poros que recubren el haz foliar. De la atmósfera puede regresar al fondo terrestre, mediante precipitaciones, infiltraciones… y reiniciar el ciclo, o permanecer para los tiempos de los tiempos en la atmósfera, transformándose en diferente manifestaciones físicas, pero siendo siempre lo mismo.
Así ocurre con los jóvenes de un barrio obrero que emprenden sus inicios en la cultura del Hip Hop. Desde lo más bajo, sin tener grandes conocimientos, pero con una mochila repleta de experiencias vitales. Roces y más roces con la vida, con la sociedad, desigualdades y marginaciones de todo tipo, que hacen que vayan creando la presión suficiente para que un día, en un instante determinado, decidan expresarse y salir al mundo en forma de graffiti, rap, break... Empiezan trazando unas líneas en un folio reciclado con un lapicero prestado (undergound). Quieren que se les escuche, que se les reconozca, salir del anonimato social, dejar de ser un número más en la lista de población en riesgo y comenzar a ser un humano más en lucha contra la desigualdad.
Avanzan un poquito, sus amigos les escuchan, les enseñan sus dibujos y hablan en el parque (underground) sobre algo que escucharon cierto día, el Hip Hop surgió como un vehículo para canalizar la violencia acumulada en los barrios marginales de New York. Esta violencia, causa del sistema capitalista, les hacía continuar siendo desplazados y aislados del resto de grupos sociales, y lo más importante: los separaba a ellos mismos. Se canalizó esta violencia hacia las capas superiores que les oprimían y todavía lo continúan haciendo, utilizando el graffiti para escribir un nítido “POLICE KILLS” en una pared de Harlem, el rap para gritar bien alto y fuerte “FIGHT THE POWER” o el break para decir sin tapujos “NO GUERRAS DE BANDAS, MÁS GUERRAS DE ESTILO”… Entonces estos niños reconocen a ellos mismos con esos latinos del Bronx que bailaban sobre un trozo de cartón, con esos afroamericanos que lanzaban rimas al nivel de grandes poetas en un corro de Brooklyn, y comprenden que, porque no, ellos también pueden utilizar este arma para cambiar su situación, y la de las generaciones venideras (underground).
Investigan sobre MC’s actuales y clásicos, sobre fotógrafas como Martha Cooper (undergorund) que dieron mayor dimensión a la cultura, sobre formas de letras para pintar, efectos que añadir a sus tags… y van avanzando más, pasito a paso, “de a poquito”, en su capacidad para expresarse y compartir mediante el Hip Hop. Así un día, en el que le grupo es ya más numeroso y posee un nombre “Hip Graff crew", les llega la oportunidad de pintar un muro de un colegio público de su ciudad. Lo habían conseguido, iban a poder colocar su pensamiento y opinión (hasta ahora silenciada) a la vista de todo el mundo. Lluvia de ideas, valores educativos, solidaridad, respeto, hermandad, héroes revolucionarios nacionales.
Sólo queda plasmarlo, poner en lo más alto del mapa esa idea, colocar en la pared gris las coloridas ideas de Fidel (underground) “Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es preparar hombres y mujeres. Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es enseñar y educar. La tarea más importante de una revolución, y sin la cual no hay revolución, es la de hacer que el pueblo estudie.”, la colorida imaginación del niño del barrio que pinta de futuro la pesimista realidad.
Sin saberlo habían realizado, al igual que los elementos en el ciclo de los elementos terrestres, una ascensión a través de las vías de la sociedad. Empezaron en lo más bajo, sus situaciones les provocaban continuos roces que causaban una presión que debía salir por algún lado. Utilizando el Hip Hop logran expresar, involucrándose poco a poco, sus opiniones y su historia, cambian su nombre, ponen un nombre a su sociedad… y plasman una idea global del grupo en un lienzo de concreto, que hará que próximas generaciones continúen el ciclo. Desde abajo habían conseguido llegar a lo más alto, la libertad de poder decir lo que piensas, hacer lo que quieres y vivir, sobre todo vivir. Pero vivir sabiendo siempre de donde se viene, de debajo de la tierra, UNDERGOUND.



(Historia basada en el taller de Hip Hop realizado en APAN, Diriamba, con la crew Hip Graff).



Granada 07/08/2014